Claros varones de Castilla, 1486

"DEL OBISPO DE BURGOS"

 

Don Alfonso de Sancta María, obispo de Burgos, fue omme de buen cuerpo, bien compuesto en la proporción de sus mienbros. Tenía cara e persona muy reuerenda.

Era fijo de don Pablo, obispo de Burgos, el cual le ouo en su mujer legítima que touo antes que entrase en la religión eclesiástica. Este obispo don Pablo fue de linaje de los judíos, y tan gran sabio, que fue alumbrado de la gracia del Espíritu Sancto, e auiendo conoscimiento de la verdad, se convertió a la nuestra santa fé católica. Este obispo don Alfonso, su fijo, desde su mocedad fue criado en la iglesia, y en escuela de sciencia, e fue gran letrado en derecho canónico e ceuil. Era asimesmo gran filósofo natural. Fablaua muy bien e con buena gracia, çeçeaua un poco, e su persona era tan reuerenda e de tanta auctoridad, que en su presencia todos se honestauan, e ninguno osaua dezir ni fazer cosa torpe. Era ya tan acostumbrado en los actos de virtud, que se deleitaua en ellos. Era muy limpio en su persona e en las ropas que traía, y el seruicio de su mesa e todas las cosas que le tocauan fazía tractar con grand linpieza, e aborrescía mucho los ommes que no eran linpios: porque la linpieza esterior del omme dezía él que era alguna señal de la interior; pero entendía aprouechar poco la linpieza del cuerpo e de las ropas e de las muy linpias vestiduras e aparatos, si no se conseguían con ello la sinceridad de los pensamientos, e la linpieza de las obras.

Entre los letrados que fueron escogidos para enbiar a un grand concilio que se fizo en Basilea, este obispo, seyendo deán de Santiago, fue uno de los nombrados a quien el rey don Juan mandó ir en aquella enbaxada: en la cual, conoscida su sciencia e la esperiencia de sus letras e claras costunbres, ganó tan gran fama, que estando en Roma, el papa Eugenio le proueyó del obispado de Burgos, que era del obispo don Pablo, su padre. Puesto en esta dignidad, guardó tan bien los preceptos que, según los sacros cánones e decretos, deue guardar el perlado, que fue exenplo de vida e doctrina a todos los otros perlados que fueron en su tiempo.

Fue enbaxador al rey de Portogal por mandado del rey don Juan, e con la fuerça de sus razones escusó la guerra, e concluyó la paz que por entonces ouo entre estos dos reinos.

Era obseruantísimo en la orden e hábito que tomó. Predicaua, confesaua, corregía, e usaba en su diócesi de aquellas cosas que perlado es obligado a fazer. Era limosnero, e ayudó con gran suma a edificar el monesterio de Sant Pablo de Burgos, y reedificó otras iglesias e monesterios de su obispado.

Fue varón quito de cobdicias temporales, e nunca se sintió en él punto de enbidia. Dezía él que no podía ser alegre con sus bienes el que se atormenta con bienes agenos. Era de spíritu humilde, e doctrinando con humildad, su doctrina era mejor recebida e de mejor fruto.

Tornó de lengua latina en nuestra lengua vulgar ciertas obras de Séneca que el rey don Juan le mandó reduzir. Era omme muy estudioso, y deleitáuase en platicar las cosas de sciencia. Ouo una gran disputa con un filósofo e orador grande de Italia, que se llamó Leonardo D'Arecio, sobre la nueua translación que fizo de las Éticas de Aristótiles, en la cual disputa se contienen muchos e muy doctrinables preceptos. Fizo asimesmo algunos tratados de filosofía moral, e de teología, prouechosos a la vida, los cuales están hoy en la capilla do está enterrado en la iglesia mayor de Burgos.

Aborrecía los loores que en presencia le dezían; porque si la conciencia acusaua de dentro, poco dezía él que aprouechan los loores de fuera. E si el entendimiento humano es tan alto e generoso que pone sus términos cercanos a los del alto Dios, quien bien considerare los actos ex[t]eriores deste perlado, conoscerá sin duda que sus pensamientos interiores más participauan con las cosas celestiales que con las terrenales.

Al fin, seyendo en edad de sesenta años, como propusiese ir en romería de Santiago, aun en este su voto paresció ser bien acepto a Dios; porque le dió gracia que fuese en saluo e cumpliese su romería: la cual cumplida, e tornando a su diócesi, finó conosciendo a Dios, y dexando fama loable e claro enxemplo de vida.


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