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Los Aztecas
2da parte
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El desarrollo del
Imperio Azteca
Maxtlatzin, hijo de Tezozomoc, sucede a su padre en el trono de Azcapotzalco.
El no esconde jamás su odio contra los aztecas que debieron soportar nuevos
impuestos. Estos eligieron a Itzcoatl,
hijo de Acamapichtli, para suceder a Chimalpopoca. Ante la amenaza tepaneca,
Itzcoatl se aprestaba a reconocer a Maxtlazin como soberano todopoderoso del
valle. Pero en ese momento intervino un hombre que iba a cambiar para siempre el
destino de los aztecas, que iba a hacer pasar a su pueblo del estado de
subordinado al de dominante. La
reforma de Tlacaelel Después de esta victoria, Tlacaelel recibió el título de Cihuacoatl,
consejero supremo del rey, y se aplicó una reforma completa de la sociedad. Con
él nació la visión mística guerrera del pueblo azteca que se consideró la
nación elegida del sol. Tlacaelel decidió consolidar el poder azteca bajo una
reforma ideológica. Hizo quemar los viejos códigos de los pueblos vencidos
para reemplazarlos por aquellos de los Mexicas. Los libros de historia iban a
volverse instrumentos de dominación. Los viejos dioses tribales fueron
conservados pero los aztecas ubicaron en primer rango sus divinidades más
destacadas: Huitzilopochtli y
su madre Coatlicue,
la diosa de la Tierra. Concepción
del mundo Los aztecas consideraban que antes habían existido varios soles. Habían
sido el sol de la tierra, seguido de aquellos del viento, del fuego y del
agua. Todos perecieron en un cataclismo. El quinto sol fue creado en
Teotihuacan. Los dioses se reunieron para designar a quien tendría el honor
de encarnar al nuevo astro. Este Sol era el del movimiento. Pero, como los
precedentes, su destino era desaparecer también en un cataclismo. Es esta
perspectiva pesimista el origen de la visión místico-guerrera de los aztecas.
Tlacaelel logró persuadir a los sabios de que se podría evitar la muerte del
Sol alimentándolo de agua preciosa. Este líquido era la sangre de seres
humanos que habría que sacrificar para asegurar la supervivencia del astro
solar. Para que no falte jamás el agua preciosa, Tlacaelel instaura el
principio de las "guerras floridas" entre las ciudades de la Triple
Alianza. El objetivo era de obtener suficientes prisioneros para los
sacrificios. Para que el Sol viviera, la guerra se volvía indispensable. Los
aztecas justificaban entonces sus conquistas por la misión suprema que debían
cumplir. El
esplendor del Imperio Azteca A la muerte de Itzcoatl en 1440, Moctezuma Ilhuicamina, hijo de Huitzilihuitl y hermano de Tlacaelel, fue elegido quinto
Tlatoani de los Aztecas. Tlacaelel quedó como el consejero supremo del rey.
Juntos prosiguieron la expansión del imperio, enfrentando a los huastecas y
los mixtecas, mucho más allá del valle. Los tributos provenientes de las
regiones sometidas a los aztecas afluían a Tenochtitlan: piedras preciosas,
plumas de todos los colores, cacao, plantas, animales... Jamás tantas
riquezas habían llegado a la capital. Grandes trabajos de embellecimiento y
agrandamiento fueron llevados a cabo durante este período. Tlacaelel ordena
entonces la construcción de un templo suntuoso a la gloria de
Huitzilopochtli. Pero a partir de 1446 los aztecas debieron afrontar toda una
serie de calamidades. Las langostas arrasaron las cosechas. En 1449,
Tenochtitlan fue inundada. Después las heladas y la sequía de los años 1450 a
1454 trajeron el hambre. Por suerte 1455 fue un año favorable gracias a sus
lluvias generosas. Las cosechas de maíz fueron importantes y los aztecas
pudieron llenar sus silos. En el valle de México, Texcoco, la principal aliada de Tenochtitlan,
recibía una parte de tributo idéntico a la de su poderosa vecina. Eso le
permitía desarrollarse considerablemente. Texcoco se volvió un centro
cultural de primera importancia, gracias a su soberano Nezahualcoyotl, el
príncipe poeta. El restableció en su ciudad los valores humanistas de
Quetzalcoatl y fue considerado como un gran sabio. Después de un largo reinado de 29 años, Moctezuma murió en 1468. Los
señores aztecas ofrecieron el trono a Tlacaelel, quien lo rechazó. Consciente
de su inmenso poder como Cihuacoat, consejero supremo del rey, Tlacaelel
prefirió conservar su rango cerca del nuevo tlatoani Axayacatl,
nieto de Itzcoatl. Juntos prosiguieron la expansión del imperio azteca. Sin
embargo, las fuerzas de la Triple Alianza sufrieron su primer gran revés
contra las tropas tarascas de Michoacán. Pero lejos de desanimarse, los
aztecas continuaron sus guerras de conquista. Fue al final del reinado de Axayacatl que se apagó Tlacaelel, el gran
reformador de la nación azteca. El rey murió poco tiempo después, en 1481. Tizoc, hermano de Axayacatl,
fue elegido séptimo Tlatoani. Pero no brilló por su ardor para combatir y
reforzar la potencia azteca. Es su hermano menor Ahuizotl,
elegido octavo Tlatoani a la muerte de este último en 1486, quien proseguirá
el ideal místico-guerrero de Tlacaelel. La construcción del suntuoso templo
dedicado a Huitzilopochtli se acabó bajo su reinado, y numerosas víctimas
fueron sacrificadas para esta ocasión. Ahuizotl combatió hasta Guatemala y se
atribuyó el embellecimiento de Tenochtitlan. Él ordenó la construcción de un
acueducto para traer el agua de Coyoacán a la capital. Pero esta obra sería
la causa de su muerte. En 1502, Tenochtitlan se inundó y el rey pereció en la
catástrofe. La
caída del Imperio Azteca Moctezuma Xocoyotzin, hijo de Axayacatl, fue elegido noveno Tlatoani. Era un hombre muy sabio
pero que pasaba largos momentos meditando en los templos de la ciudad. Confió
los puestos más importantes del imperio a los hijos de señores de Tenochtitlan,
Texcoco y Tacuba. Después, refuerzó el poder azteca en las regiones más
inestables. Pero sufrió una aguda derrota contra Tlaxcala en 1515. Un revés
muy inquietante para Moctezuma, quien, sumergido en una profunda reflexión
religiosa, veía en cada acontecimiento las señales de un trastorno muy
próximo. Los aztecas creían que los tiempos estaban divididos en ciclos de 52
años. Cada uno de esos ciclos podía terminarse por un cataclismo que pondría
fin al Sol. Por lo tanto, este período debía acabarse en 1519. Une serie de
presagios venían atormentando el espíritu de Moctezuma. Vio un cometa una
noche cuando meditaba. Después, uno de los templos de Tenochtitlan se quemó. Y
cuando se le anunció la llegada de extranjeros de piel blanca, venidos del
mar, Moctezuma no pudo impedirse pensar en los antiguos códigos que predecían
el retorno de Quetzalcoatl. Fue así que el 8 de noviembre de 1519, una pequeña armada de españoles
llegó a Tenochtitlan sin que a los Aztecas les molestara verdaderamente su
avance. Moctezuma temió este encuentro, y cuando él se encuentró frente al
capitán español, Hernán Cortés, se sintió aliviado, imaginándose delante del
dios Quetzalcoatl que regresaba a tomar posesión de sus tierras. Cortés había
comprendido pronto la ventaja que podía tener esta situación. Y si las
fuerzas de la Triple Alianza eran infinitamente más numerosas que las
españolas, el conquistador había sabido reunir a las tribus Chalcas,
Tepanecas y Tlaxcaltecas, quienes no aceptaron la dominación azteca. Los
españoles pasaron rápidamente al asalto; la nobleza de la Triple Alianza fue
diezmada y Moctezuma fue aprisionado y después muerto. Los sobrevivientes
mexicas intentaron resistirse, pero después de un largo sitio, Tenochtitlan
cayó el 13 de Agosto de 1521. El imperio azteca se estaba derrumbado. |